sábado, 4 de julio de 2015

¿Conoce Tsipras la historia de Grecia?

Estas son algunas de las afirmaciones que ha hecho el jefe del gobierno heleno:
Me temo que es una manera burda de manipular la historia a su favor. La democracia ateniense, que no griega, fue un sistema de gobierno realmente minoritario, pues excluía a mujeres, esclavos y "extranjeros" (griegos de otras ciudades). Pero esto es casi lo de menos. Lo peor de la "democracia" ateniense es que se convirtió en un auténtico imperialismo que impuso por la fuerza al resto de las ciudades de la Liga de Delos una contribución económica onerosa, basada iniclamente en la necesidad de guerrear contra Esparta (¡ay el presupuesto militar griego!), pero que fue aprovechada por Pericles y Fidias para reconstruir la acrópolis de Atenas (Partenón, Erecteion, Atenea Niké, relieves escultóricos...) con el dinero de las otras ciudades. Y si alguna se oponía... pues era destruida por completo, que se lo digan a los habitantes de la isla de Melos, como bien cuenta Tucídides en su Historia de la guerra del Peloponeso.  

De manera que la recurrencia a la historia no debe hacerse tan alegremente, porque sus lecciones no van en el sentido de dividir el mundo en buenos y malos, como se deduce del discurso de Tsipras, ni en adornar lejanos tiempos pasados, sino en desnudar toda la complejidad de la conducta humana, individual y colectivamente. También se puede deducir que la expresión artística está cargada de connotaciones morales contradictorias, no necesariamente positivas (lo siento por Platón).

Más complejo todavía: quizá el más aleccionador capítulo de la historia griega sea el siglo XX, con toda la sucesión de decisiones que han entrelazado este nudo gordiano en que se encuentra el país heleno: invasiones, traiciones, excesos, humillaciones, dejadez, irresponsabilidad, oportunismo... tanto por parte de los griegos como de los alemanes, británicos, rusos, italianos...

Pero yo tengo la solución: o bien un Alejandro que corte ese nudo o bien un deus ex machina que lo resuelva in extremis. Qué bien me ha quedado, pero qué historia más triste.

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