domingo, 9 de noviembre de 2014

¿Saber o entender?

Somos entrenadores de fútbol, políticos, médicos. Tenemos la clave para que España gane el siguiente Mundial, sabemos qué es lo que el pueblo quiere y cómo lo debemos gobernar y somos capaces de recetar cualquier medicamento o terapia con tan solo un síntoma, escuchar.
Todos sabemos de mecánica, somos electricistas en nuestras propias casas, profesores de cualquier disciplina, la tecnología no nos sobrepasa y sabemos cómo se debe organizar hasta la fiesta del pueblo.
Pero en realidad no es así. No tenemos ni idea de fútbol porque solamente nos dedicamos a ver 90 minutos en una pequeña pantalla, no somos médicos porque sepamos curarnos una cefalea momentánea, ni tampoco somos mecánicos que sabemos cuándo nuestro coche está a punto de fallar.
Somos una sociedad de falsos instruidos donde parece que no podemos aceptar, no nuestras limitaciones, sino nuestros propios conocimientos; donde en vez de ampliarlos con sentido y consciencia, hacemos hincapié en nuestros deseos más banales de superioridad hasta llegar a convertirnos en sabios ignorantes.
Como ya dijo Albert Einstein en su momento, “cada día sabemos más y entendemos menos”.— Eva Díaz Reboiro.

Excepcional, por lo sencilla y contundente, esta reflexión aparecida hoy en  prensa. Y lo que más me gusta es que no viene de ningún especialista (digo yo). Por lo que a nosostros atañe, la aplicación a la didáctica es la siguiente: menos contenidos, mejor estructurados y dotados de sentido, sobre todo esto último. Menos sucesos, fechas, personajes, accidentes geográficos, capitales, datos estadísticos, listas de iglesias y cuadros y demás blablabla. Si queremos que los conocimientos se puedan aplicar a la vida cotidiana, deben estar organizados en la mente y el corazón de la persona. Esta tarea es mucho más difícil para los profes que la transmisión de contenidos. A ver ahora cómo lo hacemos.

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