viernes, 8 de agosto de 2014

El infierno está lleno de buenas intenciones

Queda tan romántico... Y tan alucinante. Debe ser que la Rusia de Putin sea un modelo de comunismo, pero no, no lo es, ni siquiera de democracia liberal. Y desde luego que Ucrania tampoco lo es. Cito un comentario en la noticia de El País:
"Si la Rusia de Putin utiliza los símbolos y las efemérides de la URSS es por su resonancia imperialista, vistoriosa de los nazis. Su manera de acaparar el poder y controlar el estado, además de los constantes atentados contra los derechos humanos (caso Pussy Riot, caso Politkovkaya, caso Jodorkovski) hacen de Rusia una pseudodemocracia. Es cierto que en Ucrania hay grupos de extrema derecha que ahora, con la guerra, han ido armados y protagonizado hechos violentos, pero eso no deslegitima al gobierno, democráticamente elegido, ni a los partidos ucranianos. Creer que los ucranios proccidentales son fascistas y los prorrusos rebeldes son comunistas y que estamos en el 36 es estar muy desinformado".
Pero, entonces ¿por qué apoyar a un bando frente a otro? Está claro, les puede el recuerdo mítico de la II República española y el apoyo soviético. Los pobres creerán que van a devolver la ayuda prestada por la URSS al bando republicano. ¿Qué les habrán explicado en clase sobre la II República, sobre el régimen soviético estalinista, sobre la descomposición del comunismo, sobre el actual régimen político ruso? No sé si habrán sido las enseñanzas de las clases de historia, pero estoy seguro de que tienen una visión simplista y maniquea de la realidad histórica: los buenos frente a los malos... ¡ay, qué bonito! Algo de responsabilidad debemos tener los profes de Historia. Quizá es que confundimos el "espíritu crítico", esa categoría ideológico-moral que debe guiar nuestra labor profesional, con la defensa de "nuestra verdad". El resultado es que a veces "nuestra verdad" (qué malos son unos, qué buenos somos nosotros..., sustituir unos y otros por cualquier sustantivo: capitalistas, obreros, españoles, catalanes, rusos, yankis, musulmanes, emigrantes, etc. etc. etc.), nuestra verdad, digo, acaba convertida en dogma. O sea, hemos pervertido el "espíritu crítico" y lo hemos hecho un guiñapo. Un desastre, vamos.

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