domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Se puede decir hijoputa en clase?


“Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determinó arrimarse a los buenos por ser uno de ellos, y vínose a vivir a la ciudad y alquiló una casilla, y metióse a guisar de comer a ciertos estudiantes, y lavaba la ropa a ciertos mozos de caballos del comendador de la Magdalena, de manera que fue frecuentando las caballerizas. Ella y un hombre moreno de aquellos que las bestias curaban, vinieron en conocimiento. Este algunas veces se venía a nuestra casa, y se iba a la mañana; otras veces de día llegaba a la puerta, en achaque de comprar huevos, y entrábase en casa. Yo al principio de su entrada pesábame con él y habíale miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas de que vi que con su venida mejoraba el comer, fuile queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de carne, y en el invierno leños, a que nos calentábamos. De manera que, continuando con la posada y conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo brincaba y ayudaba a calentar. Y acuérdome que, estando el negro de mi padre trabajando con el mozuelo, como el niño veía a mi madre y a mí blancos, y a él no, huía del con miedo para mi madre, y señalando con el dedo decía: “¡Madre, coco!”. Respondió él riendo: “¡Hideputa!
        Yo, aunque bien muchacho, noté aquella palabra de mi hermanico, y dije entre mí: “¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mismos!”
Lazarillo de Tormes

 Ahí queda eso. Viene esto a cuento de las discusiones iniciales que estamos teniendo en el Máster sobre la cultura popular en el currículum, justo cuando hay una exposición en la Biblioteca Pública de Ciudad Real sobre libros prohibidos, realmente aleccionadora para los enseñantes porque ayuda a relativizar los contenidos del curriculum: aquellos libros prohibidos y rechazados por la autoridad competente, algunos muy recientemente, son ahora petrificados en el curriculum y rechazados por el alumnado. La lista es maravillosa: Cervantes, Lazarillo de Tormes, Huckleberry Finn, Diario de Ana Frank, Charlie y la casita de chocolate, Lorca, Miguel Hernández, Homero, Aldous Huxley, Kafka, Sender, Neruda, Valle-Inclán, Vargas Llosa, Clarín, Bocaccio, Moratín, Dante, Molière, Quevedo, La Celestina (Fernando de Rojas), ¡¡Santa Teresa de Jesús!!, El guardián entre el centeno, El Mago de Oz, La cabaña del tío Tom, Los viajes de Gulliver, Alicia en el país de las maravillas... y ya me he cansado de citar ejemplos, y estos solo de literatura. Alucinante.
Pero más alucinante es que la cultura popular actual sea censurada ahora mismo en las aulas, reproduciendo nuevamente el círculo vicioso que va de la prohibición a la sacralización. El caso más interesante quizá sea, en España, Lazarillo de Tormes, cuya feroz crítica social hoy se ve reducida a un par de anécdotas del ciego. Y, en el caso de Estados Unidos, destaca El guardián entre el centeno, del que dice el catálogo que ha pasado de ser el libro más censurado en EEUU a ser el segundo más estudiado como lectura obligatoria en los institutos de ese país.

Y volviendo a la palabrota de Lazarillo, a mí me ha servido de mucho para analizar los nacionalismos en Historia, aprovechando lo que han escrito los dos David en su blog. Yo os lo resumo en esta imagen:

                             
¿Se entiende o no se entiende? Seguro que lo entienden mis alumn@s del Máster, es@s que por mayoría han titulado su blog PEDOGOGÍA, así como suena, ¡¡los muy pedorros!!

Pero, por si hay alguna duda, que quede claro que no estoy diciendo nada distinto a lo que predicaba Cristo, eso de "ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio". ¿Todavía no me habéis entendido?  ¡Señor qué cruz, que dijeron al mismo tiempo Velázquez y Robe Iniesta!

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