lunes, 21 de octubre de 2013

Qué lejos están las leyes del aula

"Lo malo de las leyes educativas españolas no es tanto lo que hacen, sino lo que no hacen.
Cambian los programas (en realidad cambian poco) y cambia la cáscara burocrática exterior: los nombres de las cosas, la retórica oficial, la duración de los ciclos, las pasarelas entre tramos…ese tipo de cosas y poco más.
No cambian el modo de reclutar a los profesores, no cambian el modo de autoevaluación del sistema, no cambian los contenidos ni el modo de enseñarlos, cambian muy poco del modo de gobernarse de los centros y del reparto de facultades y responsabilidades…
En definitiva, los cambios reales que impuso la LOGSE y la riada de leyes educativas posteriores (más peso que la LOGSE tuvo la LODE, que no se suele mentar mucho) son pocos, pero eso sí, disfuncionales por llo mal que encajan entre si y con el inmovilismo de lo demás:
- Alargar la escolarización obligatoria hasta los 16. Este es el caballo de batalla real del fondo de las protestas, pero no se suele mencionar directamente, porque a ver cómo dices en voz alta que quieres mandar a la calle o a trabajar a los de 14 que te estorben. Ahora ya, a calzón quitado, se va a admitir en voz alta que no vamos a esforzarnos para que todo el mundo tenga un título de secundaria y estudie hasta los 16, pero hasta ahora todavía había algo de vergüenza al respecto.
 - Multiplicar el número de asignaturas del curriculo. En las buenas intenciones del principio de la reforma LOGSE, esto iba a significar cosas buenas, como talleres, prácticas, menos pizarra, más optatividad, menos academicismo… para cuando se desplegó la reforma, ya significaba lo contrario: más cantidad de pizarra y examen teórico hasta de gimnasia.
Casi el doble de asignaturas que antes, pero dadas como las de antes.
Curiosamente, a pesar de la gran disfuncionalidad que significa, no se suelen leer protestas de ello: a los infinitos gremialismos que padecemos les viene de perlas, y a los nostálgicos de las leyes anteriores no les conviene recordar que lo del “ahora hay menos esfuerzo” casa mal con ese hecho.
- Horarios comprimidos intensivos Eso no viene en la ley, pero pasó a la vez, a saber por qué. Tampoco se suele comentar mucho que no hay quien aguante seis clases diarias de distintas asignaturas, todas de pizarra y apuntes, con distintos profesores, y dos descansos de quince minutos en total.
Los adultos no lo aguantamos apenas en nuestros cursos de formación laboral más de tres días, ni en la universidad se aguanta tal cosa. Pero en la secundaria, que nos preocupa tanto, se aguanta 35 semanas del año, y eso que son unos vagos. Los nostálgicos de su época, que tuvieron su buen horario partido, sus cambios de hora de diez minutos, sus huecos libres y sus horitas relajadas de laboratorio (que ya no hay) tampoco suelen acordarse.
Y estas son todas las cosas que han cambiado en términos reales. Lo demás que está sujeto al vaivén del Ministerio: que si se puede pasar de curso así o asá, que si más religión, que si más latín, que si menos matemáticas, que si ahora todo lo contrario, que si las actas las firma este o aquel… son mucho menos importantes, la verdad.
El resto de lo importante sigue más o menos como en 1950 o 1880. 
Lo que haya podido significar una ley u otra en términos de nivel de las diferentee cohortes en este estudio, tiene que ser muy poco.
Si ese poco es para peor, tampoco hay que pensar mucho por qué: comprensión lectora y habilidades matemáticas prácticas son cosas que NUNCA ha buscado el sistema educativo como tal ni en 1950, ni 1970 ni 2000. Si se adquieren es como sin querer, una especie de subproducto.
Pero si tienes que aprobar doce asignaturas, quizá le hayas prestado menos atencion a las mates y hayas leído menos que si tuvieras que aprobar seis (más las marías que se aprobaban siempre)."

Esto que he copiado es un comentario a una entrada en el blog Politikon, en relación con el reciente informe PIACC sobre competencias en adultos, base de partida para la comparación con los niveles educativos actuales. No concozco al autor del comentario, pero lo firmo punto por punto, sobre todo este curso, que imparto en 4º de ESO clase los viernes a última hora, el miércoles a quinta hora y el viernes... a última hora. Una penita, tengo la moral por los suelos.

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